viernes, 6 de febrero de 2009

El Tablón, por Juan Butvilofsky

-No le camina... Yo ya no sé qué hacer con este chico. Le compré la malla más grande que tenían, y no le camina de cintura. Y él no hace nada. Tendría que anotarse en natación. Mirá lo que parece. Pobrecito...-, se lamentaba la Doña, tan obesa como su hijo, debajo de la sombrilla más cercana a la pileta, donde el muchachito, un mastodonte con cara de niño, imitaba inconscientemente al emblema de la ciudad, el inmortal lobo marino... –Señora, ¿y si en vez de enterrarle cuatro pebetes de paleta y queso por el pico prueba con algo más sanito?-, le sugerí impertinentemente, mitad nutricionista, mitad biólogo marino. -¿Por qué no te mirás al espejo? ¿Te viste, nene? ¡Desnutrido!-, me vomitó a los gritos, y me arrojó el pebete número cuatro, ese que iba a terminar de transformar a su descendencia humana en la cría de un porcino... Es verdad que los futbolistas de River tienen la moral por el piso, y que si la confianza no acompaña, hasta el más atinado de los deportistas se puede exponer al ridículo, tan cierto como el problema del que pocos hablan: la crisis del ex Millonario tiene nombres propios, faltan hombres con jerarquía y el flamante DT, que no es el gran responsable del naufragio, ya es cómplice, como mínimo... El arquero Juan Ojeda, en ese arco gigante, se ve chiquito. Los zagueros centrales Gustavo Cabral y Facundo Quiroga no intimidan a los rivales; atentan seguido contra ellos mismos. El emblema del equipo, el capitán elegido por el plantel, Oscar Ahumada, es el tipo más resistido. Y arriba sólo suma Radamel Falcao, sólo cuando le llega un centro digno... Néstor Gorosito ya aportó para la causa corriendo al lateral Paulo Ferrari, el único que rendía, a un puesto distinto, y el presidente José María Aguilar no se quedó atrás, se atragantó con su ego y le caminó por arriba al espíritu de Ariel Ortega, el mismo que en tiempos de Diego Simeone le había salvado el pellejo, el mismo al que había deportado a Mendoza por su condición de adicto... ¿Saldrá River de este presente sombrío? ¿Podrá enderezar el rumbo "Pipo"? ¿De quién es la culpa? (La culpa no es del chancho, es del que le da de comer, como esa mujer que deformaba a su hijo, la que me dijo desnutrido justo a mí, que me parezco a Mel Gibson) –risas; no soy tan lindo-.
Juan Butvilofsky
Deportes
Metro 95.1 "El Parquímetro"
América 1190 "Página Abierta"
El Tablón / www.tablonargentino.com